Estamos en la fase 0 del desconfinamiento. Volvemos a la vida, aunque todo ha cambiado desde la última vez que nos vimos por nuestras ciudades a principios de marzo. Paseamos por las calles llenas de gente que se esquiva como si fueran los conos de un circuito de tráfico. Lo tenemos tan asimilado que parece que llevemos años haciéndolo, pero hay miedo, mucho miedo a volver atrás.

 

 

Mientras algunas avenidas permanecen desiertas, algo bastante improbable cualquier otro domingo de vuelta de un puente, las aceras se llenan de viandantes. Cierto es que en algunas de estas aceras resulta prácticamente imposible mantener ese perímetro de distancia del que tanto hablan nuestros políticos y epidemiólogos y que todos intentamos cumplir.

 

 

Hacemos deporte como nunca en nuestras vidas, pero ¿qué vamos a hacer si no después de 50 días encerrados en casa? Cada día parece un nuevo 6 de enero con las personas estrenando ropa deportiva o bicicletas. También están aquellos que rescatan esas que llevaban años sin ser utilizadas…

 

 

No hay fútbol, ni cines, ni turismo, tampoco hay bares abiertos, pero los negocios se reinventan en previsión de la crisis que se acerca lentamente, esa que dicen que será aún peor que la del 2008. Por si el virus no daba miedo suficiente, otra crisis. Lo que sí que hay son riders que inundan las calles y las puertas de los locales con sus cofres llenos de comida dispuesta a ser repartida.

 

 

La ventanas y los balcones

En esta fase 0 del desconfinamiento, la vida no vuelve del todo. Aún no se puede ver a familiares o amigos, aunque las posibilidades de encontrarse con alguien del mismo barrio en el perímetro permitido son muchas. Si no, siempre quedarán las ventanas, esas que fueron nuestras aliadas durante tanto tiempo. Las calles de nuestras ciudades se han llenado de Romeos y Julietas encarnados en nietos, abuelos, primos o sobrinos. A falta de poder dar un abrazo, hemos aprendido la importancia de las miradas y los besos al aire.

 

 

En las ventanas y los balcones, desde donde vemos el mundo las 23 horas del día restantes, siguen las reivindicaciones. A falta de tomar las calles, aquellos más críticos con el gobierno cuelgan pancartas y se citan para dar cacerolazos. Esas que, estemos más o menos de acuerdo, son parte de nuestra democracia.

 

 

Dicen que este desconfinamiento nos está llevando hacia una nueva normalidad, lo que, sin eufemismos, viene siendo la anormalidad. Sea lo que fuere, seguro que nos trae mejores momentos que los que llevamos las últimas semanas. Lo importante es comportarse con responsabilidad para no tener que volver a encerrarnos en casa y poder volver, cuanto antes, a la vida tal y como la recordamos.

 

 

Victoria Flores Herrera