Soldados alemanes y británicos en un partido de fútbol el día de navidad de 1912, durante la tregua de navidad.

Una tregua por navidad

Cuaderno de Bitácora, Sapere Aude

“La navidad no es sólo una época de alegría sino también de reflexión” Winston Churchill.

El día de Navidad, hace 105 años, la humanidad nos regaló uno de esos momentos que, si no fuera por sus testigos y los libros de historia, no creeríamos fuera de las películas de ciencia ficción.

La Gran Guerra llevaba 5 meses cobrándose vidas. Millones de muertos, viudas, y huérfanos que dejaron una sociedad completamente destruida cuando los disparos cesaron y torpemente se declararon unos ganadores y unos perdedores. También había trincheras, muchas trincheras. Hoyos en el suelo que separaban a dos bandos en ocasiones a apenas 30 metros que se dispararían durante años.

Y sin embargo, en el lugar más oscuro de la naturaleza humana, entre el terror, la suciedad, la sangre, los cuerpos sin vida y sin enterrar de compañeros, donde parecía que el odio y el miedo habían vencido, la historia nos demostró que existe y resiste la esperanza dentro de la caja de pandora, el punto blanco que habita dentro del yin.

La noche anterior, la víspera de navidad, los soldados alemanes habían empezado a decorar sus trincheras. Pronto empezaron a entonar villancicos, y en concreto noche de paz. A continuación los británicos hicieron lo propio, y un soldado alemán se envalentonó a decir “Mañana vosotros no disparáis y nosotros tampoco”.

Y cuando llegó el día de Navidad, nadie disparó. Tímida y precavidamente algunos soldados fueron saliendo de las trincheras, no sin miedo a ser disparados. Pero como ya se había acordado el día anterior, ese día no se oyeron los cañones.

Fue entonces cuando soldados de ambos bandos salieron a intercambiar comida, cigarrillos, alcohol, e incluso en ciertos lugares se llegaron a celebrar partidos de fútbol. Aunque también fue un momento para enterrar los caídos.

Cuando los generales se enteraron de lo sucedido, enfurecidos ordenaron el fin del alto al fuego, y en años posteriores se produjeron bombardeos en los días previos al día de navidad para que nada parecido pudiera volver a suceder. Pero no podría borrarse de la memoria lo que ya había hecho historia.    

Las trincheras, las guerras, los disparos, y, en definitiva, el odio, pueden tomar muchas formas y habitar diferentes lugares. Hoy en día, es común escuchar el primer término al referirse a la política de trincheras.

La política de trincheras es la historia del ellos contra nosotros, del negro contra el blanco, de nacionales y republicanos, rojos y azules, nacionalistas de este pelaje y nacionalistas de este otro, e incluso en ocasiones y de forma más banal de los concebollistas contra los sincebollistas. Son unos y otros desconocidos disparándose porque les han enseñado a odiarse entre ellos, sin levantarse a mirar a los ojos de aquellos a quienes están disparando.

Al igual que los combatientes de la Gran Guerra, estas trincheras están repletas de personas que luchan las batallas de otros, y que, si se tomaran un momento para salir a la tierra de nadie a intercambiar algunas palabras, dirían cosas parecidas a las que dijeron los protagonistas de aquel día de navidad hace 105 años: “ellos no querían la guerra, nosotros no queríamos la guerra. Podíamos haber acabado todo ahí”

Por eso es importante que en navidad, época de comidas familiares, de empresa o entre amigos, se haga el último esfuerzo del año para llegar a esa tierra de nadie y no seguir cavando más hoyos para disparar a cualquiera que se ponga en frente.

Lo contrario a esto sería lo que escribió un joven suboficial austriaco: “estas cosas no deberían pasar en tiempos de guerra. ¿No tienen los soldados alemanes sentido del honor?”. Pero la mentalidad de ese suboficial fue la que llevó al mundo a una Segunda Guerra Mundial, se llamaba Adolf Hitler.

Ignacio Garijo.