Cuando estoy preocupado, no lo hago por causar revuelo entre mis allegados. Es más, no suelo expresar mi preocupación; ni siquiera tengo claro quién soy porque mi atmósfera me confunde. Os escribo desde un barco imaginario, en el que surco mares grises sin tripulación verosímil. Mis compañeros de viaje van yendo y viniendo. Ellos son distintos entre sí y por eso mismo les suplico que entren en mi cuarto, porque de otra forma solo estaría alimentándome de mis propias ideas y de mi egoísta personalidad.

Llevo días con la misma ropa, la humedad se ha acomodado en mi cuarto y no puedo secar mis cuadros. No sé pintar, pero tampoco quiero saber hacerlo. Me niego rotundamente a dedicar mi tiempo, exclusivamente, a cosas que domino. Déjame no tener sentido; qué aburrido. Voy a poner el punto y coma donde quiera, aunque no tenga sentido. Me gusta sentirme libre. La sensación de tener los pies mojados me desagrada mucho, pero es lo primero que he tenido que sacrificar. Tengo un problema.

Aquí, y ahora, quiero confesaros algo: me abruma pensar en que la sociedad se está dividiendo. La quilla de mi barco está muy dañada por el oleaje y la sal marina ya pudre la madera de mi cama. Estoy con el agua al cuello y cada vez tengo menos ideas para achicar el peligro.

No renunciemos a la libertad de pensar

Las tendencias a clasificarnos entre negros y blancos, respuestas binarias, uno o dos, se apodera de muchas de mis preocupaciones y hace que pierda mi fe en todo esto. Qué estamos haciendo con nosotros mismos. Claro que estoy con el agua al cuello, vivimos en un momento donde ubicarse en un punto medio de opinión es una acción salvaje. Casi heroica. En este tiempo, tener varias opiniones sobre un tema concreto, o sencillamente no tener un juicio firme, te hace ser un animal sin raciocinio y un exiliado del ágora. Si no puedes opinar lo mismo que yo, ¿qué haces a mi lado? Qué frío, qué miedo.

Si tu cabeza asiente y también estás asqueado, o asqueada, por la situación, perdóname diagnosticarte algo: estás con el agua al cuello. ¿Dónde está nuestra libertad? ¿Por qué tenemos que elegir entre dos bloques de ideas? ¿Es que no puedo moverme entre mares de escalas de grises llenos de colorido? Pues sí, ¡claro que se puede! Solo se necesita valentía.

En ‘Extensión del dominio de la lucha’, Michel Houellebecq consideraba que no había libertad como tal; no existe, y el único momento donde el ser humano es casi totalmente libre se daba cuando fumaba un cigarrillo. Lo hace porque quiere, no actúa de acuerdo con parámetros ni presiones sociales. Es libre de hacerlo. Esta afirmación es subjetiva, pero me sirve como ejemplo.

Desde mi cuarto, me aventuro a mandaros un reto: seamos libres. No vamos a fumar, pero tratemos de encontrar nuestra libertad en el pensamiento. Sin ser ‘gafapastas’, en este cuarto quiero que nos lancemos a la reflexión como si se tratase de un arte. El octavo. ¿Esto es ser libre? ¿Pensar? Sí, parece que ahora sí.

 Libertad es a pensar para nosotros lo que para Houellebecq es fumar un cigarrillo. En efecto, quiero que nos movamos en un mar gris y que cada cual elija su color preferido. Os propongo, desmelenándome, que nos acerquemos a las brechas que dividen nuestra sociedad para ver qué puentes se pueden tender hacia el entendimiento. Por atrevido que parezca, nuestro pacto será unirnos. A partir de hoy, desde este cuarto uniremos nuestras fuerzas para ser señalados porque queremos atacar las diferencias. Y no servirnos de ellas.

Prohibido prohibir. Como en París. En este cuarto queremos escuchar a todo el mundo. ¿Por qué pasa esto, o por qué aquello? Vamos a estudiarlo, pongamos a las personas en el foco. Salgamos del blanco y del negro, del uno y del dos: ¿Qué tal se duerme en el unocomacinco?

Así, y antes de que sea demasiado tarde para que comience a divagar, mi propósito será visitar casas de fachada gris, pero con una amalgama de colores diversas en el interior. Con este espacio quiero ver hasta qué punto podemos salvar las diferencias y centrarnos en lo que nos une, porque nada nos hace más fuertes que la unión. ¿Vamos a conversar con personas para estudiar lo que nos aleja y destacar lo que nos acerca? En efecto. Subrayemos lo positivo.

Y si algún día no ponemos el foco en las diferencias, podemos acercarnos a las maravillosas historias que aguardan las personas.

Por supuesto, estoy preocupado viendo tanta violencia verbal, tantos equipos de ideas y paquetes de pensamiento. Sin embargo, mi preocupación no excluye mi ilusión por recuperar lo perdido.