«I wish I could give you better news but we are now 300 delegates behind Vice President Biden, and the path toward victory is virtually impossible» [Ojalá pudiera darles mejores noticias pero ahora mismo estamos a 300 delegados de el Vicepresidente Biden, y el camino a la victoria es virtualmente imposible]. (Sanders, 2020).

Así se despidió Bernie Sanders de sus electores que depositaron por segunda vez en él confianza y esperanza. Esa confianza y esperanza que  lanza a votar, que no deja ni esperar a que hayan pasado horas desde la apertura del colegio electoral, la que hace soñar con que las cosas pueden ser diferentes.

Quizás esta esperanza no recorre la mente de los sectores más conservadores o republicanos, ni la de aquellos con contactos y estabilidad socio-económica como para garantizarse la insulina si fueran diabéticos. Pero esos sueños inundan las mentes de los 27,5 millones de personas en EE.UU que según United States Census Bureau, en 2018 no tuvieron un seguro médico que sufragase los costes y permitiera que fueran atendidos por personal médico.

Las primarias demócratas era su última oportunidad para llegar a la Casa Blanca. La casa de todos los estadounidenses. Para ofrecerles a estos lo que muchos claman como derechos humanos.

No lo consiguió. En abril, la suma de los delegados que había obtenido en las primarias no era suficiente para poder ser rival de Joe Biden.

Sanders perdió en casi todos los Estados desde el 10 de marzo hasta el 8 de abril. Fue la derrota en Wisconsin, lugar en el que cuatro años antes se llevó la victoria y un gran puñado de delegados, lo que catapultó su inminente cierre de campaña. Sin embargo, la previsión de resultados parecía bastante negativa desde mediados de marzo para Sanders, cuando las primarias en lugares como Illinois y Florida dieron la victoria a Joe Biden.

Resultados primarias  marzo-abril. Morado corresponde a Joe Biden, blanco a Bernie Sanders (New York Times, 2020)

Durante la carrera, Bernie Sanders ganaba en el voto de hispanos pero no en el voto de la población negra, como ocurrió en 2016 cuando perdió la nominación frente a Hillary Clinton. The Atlantic nos explica que Sanders no fue capaz de enlazar la lucha por la clase trabajadora con la población negra. A esto no ayudó la falta de fuerza en su discurso contra el racismo y el sistema criminal de justicia (Harris, 2020).En 2020, Bernie Sanders incluyó más a las voces negras, pero no sirvió de nada. El problema de Sanders como candidato es que su apoyo proviene de las bases jóvenes y estas bases votan en menor medida que la población mayor.

Desglose de votantes en las primarias del año 2020  por raza (CNN,2020)

Sin embargo, Sanders ha cultivado y cosechado una victoria que nadie puede quitarle. Ha conseguido que la lucha por los derechos humanos y el estado de bienestar, no sea de comunistas sino de todos aquellos que desean un país mejor. Ha conseguido que las demonización de las ideas socialistas se convierta en algo del pasado.

El que comenzó como candidato independiente de Vermont, un adulto de edad avanza y conocido por su elevado tono de voz en meetings y debates, alcanzó una gran importancia por su izquierda rotunda. Se alzó en política por su lucha social por derechos como: universidad gratuita (Free College for all), un acuerdo para el desarrollo sostenible (Green New Deal) y sanidad pública universal (Medicare for all).

Algo que normalizamos y con lo que contamos si queremos aspirar a un futuro mejor es para gran parte de la población en EE.UU, un privilegio. La izquierda de Sanders ha iniciado una «revolución» que exige que todos los estadounidenses tengan acceso a esos derechos fundamentales. Sin embargo, no ha conseguido llegar a la meta. Bernie Sanders y su equipo se han quedado cerca de la gloria. Cerca de conseguir el cambio.

La sociedad americana demócrata se ha decantado por un candidato que desde el comienzo ha tenido más posibilidades. Un candidato que más que en la izquierda, se siente cómodo en el centrismo político. Rodeado por el escándalo que motivó el impeachment, ha recibido golpes en su carrera política por ser en numerosas ocasiones, «demasiado cariñoso» con varias mujeres. A pesar de haber sido el candidato favorito a llegar a la nominación, no cuenta con todas a su favor.

El pueblo ha hablado. Joe Biden, acompañado de lo que asegura será una mujer negra (¿Kamala Harris?), tendrá que hacer frente a Donald Trump. A Biden le respaldan los otros candidatos que comenzaron la carrera, pero no todos los seguidores de estos. A Trump la inmensa mayoría de los republicanos.

La competición es cada vez más severa. Pero Biden parece contar con la seriedad que marca su candidatura, su cercanía a la sociedad, la experiencia política y el respaldo de gran parte de la sociedad demócrata norteamericana.

Derrotar a Donald Trump es cada día un poco más difícil. Pero a veces  las cosas ocurren. Todo lo que jamás se imaginó puede convertirse en realidad un día. La vida nos puede cambiar de un momento para otro. Eso lo sabemos porque ya lo hemos vivido. Porque sabemos que no podemos dar nada por sentado,  por perdido o por ganado. Lo sabemos porque esta primavera, que ya no es nuestra, nos lo ha demostrado. La primavera de 2020, La que nunca olvidaremos. Por eso mientras podamos sigamos soñando con el derecho a una vida mejor a la vez que esperamos el resultado final de esta carrera hacia la Casa Blanca.

 

Poco hay que no solucionen Ella Fitzgerald y Louis Amstrong con la magia de sus voces.

Valme Pardo