La distribución de la riqueza ha sido un tema candente desde el comienzo de las sociedades humanas. Ya Aristóteles dividía la sociedad en clase alta, media y baja. Para el filósofo griego, la primera era envidiada, codiciosa y llena de potenciales “grandes criminales”, mientras que en la tercera sus individuos eran envidiosos y posibles “malhechores”. En cambio, en la clase media se encontraba la virtud: suficientemente ricos como para no ser codiciosos, pero no tanto como para ser codiciados. Hoy en día la conclusión es muy parecida: una mayor igualdad conlleva una sociedad más cohesionada, además de acelerar el crecimiento económico y el progreso social. Por eso es importante analizar la desigualdad en España.

Qué es la desigualdad y cómo se mide

Cuando hablamos de igualdad, generalmente nos referimos a la igualdad de renta, y si bien hay varios indicadores que pretenden darle un valor numérico, el más utilizado y conocido es el Índice Gini, por lo que es el que usaremos.

En este, España no obtiene muy buenos resultados si se compara con sus compañeros de la OCDE, ya que se encuentra en el puesto 27 de 38 (siguiendo de cerca a nuestros vecinos Italia, Grecia y Portugal).

Resulta que la desigualdad en España ha sido históricamente alta en comparación con nuestros vecinos europeos, y pese al amago de convergencia en los años de bonanza económica, no se ha conseguido llegar a los estándares europeos.

La importancia de la movilidad social

Sin embargo, cuando analizamos la desigualdad en un país, debemos tener en cuenta que en nuestra sociedad la desigualdad no es necesariamente sinónimo de injusticia, especialmente teniendo en cuenta que las democracias liberales están basadas en la meritocracia – es decir, que prosperen aquellos que lo merezcan por habilidad o esfuerzo.–

Pero si queremos basar nuestra sociedad en torno a la meritocracia, debemos asegurar otro tipo de igualdad: la igualdad de oportunidades. Es decir, que aquellos que han nacido en entornos familiares más adinerados no tengan por qué seguir perteneciendo a estos si no lo merecen, y de igual manera para los que han nacido en los más desfavorecidos. Esto es medido por lo que llamamos movilidad social. Sin esta, el estudio sobre la desigualdad de una sociedad está incompleto, como bien se ejemplifica aquí en el caso de Chile.

Para empezar, en cuanto a la movilidad social, España tiene un gran problema. Si bien esta no es demasiado alta, la percepción que se tiene de ella es todavía peor. Mientras que la percepción suele coincidir más o menos con la realidad, en España se subestima muchísimo. De hecho, los españoles piensan que la movilidad social de padres a hijos es casi la mitad de la que realmente es. Somos el segundo país que menos cree en su movilidad social intergeneracional pero ¿Son estas críticas fundadas?

Podemos observar, por ejemplo, que España es el quinto país (el primero después de los nórdicos) en elasticidad de renta intergeneracional, es decir, que la renta de los españoles tiene muy poco que ver con la de sus padres. Esto es, sin duda, increíblemente positivo en términos de movilidad social.

Y aun así, la desigualdad sigue siendo bastante pronunciada en el país en relación con nuestros vecinos europeos. ¿Qué elementos pueden estar potenciando esto?

Causas de la desigualdad

El desempleo

Por un lado, el mayor responsable de la desigualdad en las economías desarrolladas en general suele ser el desempleo, que además en España es bastante alto y especialmente desde la crisis. Y no sólo el desempleo, sino además el caso de los empleos precarios, que hace un flaco favor a disminuir la desigualdad en España. A pesar de esto, los años de bonanza económica, en los que se batieron récords de tasas de empleo, hicieron bien poco por disminuir la desigualdad.

Por tanto, el empleo es crucial para reducir la desigualdad, pero sólo se verán reducciones importantes si se acaba con la temporalidad y la precariedad laboral, lo que los políticos llaman crear empleo de calidad. Es importante destacar aquí la otra cara de la movilidad social, y es que, si en vez de fijarnos en la diferencia de padres a hijos nos fijamos en la evolución de una misma generación, tanto las rentas bajas españolas como las altas se mantienen en mayor medida que en gran parte de la OCDE.

La redistribución

Por otra parte, el otro gran actor en la disminución de la desigualdad es la retribución del estado. España tiene una presión fiscal menor que otros países europeos como Francia o Alemania. Sin embargo, esto puede inducir a dos errores.

El primer error es que subiendo los impuestos a las rentas más altas solucionamos todos los problemas. La verdad es que si queremos subir la presión fiscal para equipararnos a niveles europeos, debería aumentarse en mayor medida a las clases medias, y no tanto a las clases altas, de las que no hay tanto beneficio que obtener.

El segundo error es dar por hecho que para mejorar la redistribución lo importante es subir los impuestos, ya que se asume que el estado luego hace un uso eficiente de estos ingresos. En el caso de España este supuesto podría ser un error, puesto que se puede hacer mucho sin necesidad de subir los impuestos.

Tanto la OCDE como el FMI han llamado la atención a España en cuestión al papel del estado en la retribución. Por un lado, el informe de la OCDE nos permite ver que el 20% más rico de los españoles acapara el doble de transferencias sociales que el 20% más pobre, y sólo una de cada diez familias puede salir de ese eslabón del 20% más pobre con estas ayudas.

Por otro lado, el FMI concluye que la desigualdad en España se sitúa cerca de la media europea antes de estas transferencias, pero que la ineficiencia del sistema redistributivo lleva a los españoles a la cola de la igualdad.

No solamente eso, sino que además las ayudas a los jóvenes y las familias son insuficientes, puesto que se desvían en gran medida a los mayores. Teniendo en cuenta los pobres resultados educativos en el informe PISA, y la elevada tasa de paro juvenil, los jóvenes parecen encontrarse bastante desprotegidos, al menos en comparación con los países de nuestro entorno.

Conclusiones

En definitiva, existe una elevada desigualdad en España, donde si bien la movilidad social de padres a hijos es grande, aquellos que en un principio tienen rentas altas las mantienen en gran medida, e igual para las rentas bajas.

Esta elevada desigualdad se debe por una parte a un mercado de trabajo caracterizado por elevadas tasas de desempleo y empleo precario, y por otro a uno de los peores sistemas redistributivos de Europa, que ayudan bien poco a reducir la desigualdad.

El modelo europeo de socialdemocracia liberal se ha creado en torno a los valores de la ilustración francesa Liberté, égalité y fraternité. Si queremos cuidar este estilo de vida debemos profundizar en cada uno de ellos.

Sin embargo, no hace falta irse a una legitimación ideológica para estar a favor de ciertos niveles de igualdad. Estratégicamente, la reducción de la desigualdad favorece el crecimiento económico (los empleos temporales o el desempleo implican menor productividad), y fomenta una sociedad más cohesionada y estable, menos propensa a extremos políticos, y más preparada ante posibles crisis económicas venideras.

Ignacio Garijo.