Encuentro de mujeres sobre alimentación saludable. Mujer haciendo un zumo de mango para todas en Vila Cruzeiro, RJ.

I. Feminismos y agroecología en Vila Cruzeiro

Cuaderno de Bitácora, Sabores

Las mujeres reivindican su derecho a «comida de verdad» desde la favela Vila Cruzeiro en Rio de Janeiro

El cuidado de la tierra puede ser una forma de conseguir la auto suficiencia y la emancipación de la mujer en zonas tan empobrecidas como la favela Vila Cruzeiro, en Brasil. La «comida de verdad», además de cuidarte, también te libera.

¿Comida de verdad es un derecho o un privilegio? —, preguntaba Ana mirando a cámara. Tenemos unos mercados locales que solo tienen acceso a comida con veneno y nos vemos sometidos a alimentación ultra procesada y de pésima calidad. ¿Cómo intentar romper con esas barreras cuando todo el apoyo del gobierno está en el agronegocio? Si plantas, te quedas sin apoyos. Hablar de alimentación en la favela no es solo preguntarse “¿qué como?” sino “¿de qué me estoy alimentando?”, es decir, si me alimento de soberanía alimentaria, de políticas públicas…

Ana Santos es educadora popular y cocinera en Vila Cruzeiro, uno de los barrios del Complejo de favelas en La Penha (Río de Janeiro). Es cofundadora de una ONG dedicada a la siembra y la reforestación en su barrio. Además, fundó el Grupo de Mujeres, una asociación desde la que une fuerzas con otras mujeres para tratar temas como soberanía alimentaria, racismo o machismo en la periferia. Al ser una red en la que la sororidad está al mando, se abren discusiones de toda índole, que pueden ir desde cuestiones de salud y bienestar físico hasta cuestiones emocionales como, por ejemplo, un problema en casa con los hijos o el marido.

Cada una lleva una historia diferente a cuestas, pero todas comparten unas ideas y necesidades básicas: cuidarse a ellas mismas, conseguir la auto suficiencia, ser conscientes del alimento que colocan en su plato y cuidar la tierra, que es de donde todo parte. Además de intercambiar recetas y aprender sobre alimentación saludable, la cocina pasa a ser para ellas un lugar que las fortalece financieramente, ya que suelen vender sus platos o productos en las ferias agroecológicas locales (siendo esto, generalmente, su única fuente ingresos).  

— Con el grupo de mujeres discuto sobre ese feminismo velado. Velado porque no podemos nombrar muy alto esa palabra —, me explicaba Ana con un tono firme. Nosotras tenemos que hacer un trabajo de valorización con nosotras mismas y con nuestras raíces. Rescatar esas recetas que fueron la comida de resistencia y supervivencia de nuestras abuelas, esas mismas recetas que salen ahora en TV Globo como si fuesen platos Gourmet.


Entrevisté a tres mujeres que hacen parte del Grupo de Mujeres y en este pequeño video explican la importancia de pertenecer al mismo, cuál ha sido su trayectoria y cómo abarcan la cuestión feminista.

Haz click aquí para ver el video


¿Qué es agroecología?

La agroecología es una forma de hacer agricultura que, en su práctica, incorpora las luchas sociales, políticas, culturales, ambientales, energéticas y éticas. En esas reivindicaciones también está, por supuesto, la lucha contra la desigualdad de género y la invisibilización del trabajo de la mujer. La agroecología representa la lucha de las campesinas por su propia autonomía frente al capital y al agronegocio.

Pancartas que dicen «la comunicación es un derecho! Nunca te calles» y «sin feminismo no hay agroecología», en una feria agroecológica en Río de Janeiro, Brasil

Graciete Santos es coordinadora de la ONG feminista Casa da Mulher no Nordeste. En una entrevista para la ONG brasileña Fase, explica que, a pesar de los avances conquistados, las mujeres aún están muy invisibilizadas. Ella plantea dos desafíos: el primero es dialogar con la sociedad sobre qué es la agroecología, que se definiría como “una visión de ver el mundo que va en dirección contraria al modelo económico actual y que quiere discutir qué consumir y cómo alimentarse”. El segundo desafío es “valorar la contribución de las mujeres dentro del movimiento y también dentro de la ciencia. No es solo pensar en la visibilidad a nivel cuantitativo, sino pensar en la contribución al aprendizaje que las mujeres traen”.

¿Qué dificulta que las mujeres puedan cultivar y ser auto suficientes en la favela?

El acceso a.

La lucha por los Derechos de la Tierra es uno de tantos problemas que se arrastran desde la época de la esclavitud. Aunque cada vez cobre más fuerza (el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra, por ejemplo, está entre los movimientos sociales más grandes de América Latina), hay incontables hectáreas de tierra en las que la sociedad vive sin tener derechos básicos. Los nuevos barrios que se forman no son reconocidos y los que habitan esa tierra nunca consiguen «poseerla». El gobierno brasileño clasifica a esos enormes barrios como «ocupaciones». Estos quedan oficialmente condenados a sufrir la carencia de cuestiones básicas, como acceso al agua potable, distribución de energía eléctrica o concesión de licencias ambientales.

A dicho problema nacional hay que sumarle las dificultades de mantener un espacio de tierra libre en la favela. Cualquier pedacito es bueno para construir una casa, y el derecho a tener una vivienda deja en segundo plano al derecho a tener un pequeño terreno donde cultivar.

Desde los movimientos agroecológicos intentan transmitir la importancia de los espacios verdes y apuestan por la creación de una economía solidaria, la reflorestación y mantenimiento de lugares que les permitan, al menos, respirar algo que no sea hormigón. Tristemente, continua lucha diaria con los propios vecinos (por la tierra) y con las instituciones oficiales (por cuestiones burocráticas).

No es poseer por capricho, es poseer por necesidad. Necesidad de tener un lugar donde cuidar tu mandioca (raíz) , que luego se convertirá en tapioca (comida), que luego venderás en la feria agroecológica (dinero).

Como explica Emma Siliprandi en su artículo Mujeres y Agroecología. Nuevos Sujetos Políticos en la Agricultura Familiar, «son mujeres agricultoras luchando por su derecho de ser sujetos plenos de sus vidas, y contribuyendo, a su manera, para la transformación del mundo injusto en el que viven. Están mostrando, con su acción, que es posible resistir, denunciar, organizarse, construyéndose como sujetos políticos que, a partir de sus múltiples identidades, no se conforman con el destino injusto y amargo que les reserva el patriarcado”.

Delia Vargas Fuentes