Las favelas CantagaloPavão–Pavãozinho son dos de las favelas más conocidas de la Zona Sur de la ciudad de Río de Janeiro. Esta se divide en tres zonas diferentes, la Zona Norte, la Zona Oeste y la Zona Sur. Ambas favelas dividen los conocidos barrios de Copacabana e Ipanema, unos de los más caros, turísticos y ricos de la ciudad. Diferenciarlas podría ser imposible para cualquiera de nosotros por el simple hecho de no vivir en ellas, pero los residentes, los moradores de ambas, conocen como la palma de la mano donde empiezan y acaban «Galo» y «Pavão«.

 

Para una población de más de 13.000 personas en su conjunto, el COVID-19 se ha convertido en un desafío más que añadir a la lista y al que enfrentarse. Hay algo negativo en todo esto, muy negativo: esta pandemia empeorará con total seguridad la realidad de las comunidades, la comida será más difícil de conseguir, el trabajo será casi imposible de mantener, y la educación, la posibilidad de desarrollo de los jóvenes de la comunidad, se topará con retos que nunca antes habrían sido planteados. Sin embargo, por increíble que parezca, hay algo positivo: sus habitantes están dispuestos a compartir, a trabajar en equipo, a ayudar y a dejarse ayudar para sobrellevar la realidad que les espera.

 

 

Poema

São 200, são 300 

as favelas cariocas?                                

O tempo gasto em conta-las.                

É o tempo de outras surgirem.              

ou já passa de um milhão?                      

Son 200, son 300

las favelas cariocas?

El tiempo empleado en contarlos

es el tiempo que tardan en surgir otros.

800 mil  habitantes de las favelas

o ya pasan de un millón?

 

Carlos Drummon de Andrade. 1º Encontro Estadual de Favelas em 29 de março de 1981.

P.- ¿Qué significa vivir en una favela? ¿Qué trae consigo esta realidad?

 

Henrique me mira y sonríe. Aunque quizás con palabras e intenciones diferentes, no es la primera vez que le hacen esta pregunta. Él es joven, nacido y criado en una favela (Pavão–Pavãozinho), característica suficiente para saber que estarás sujeto para el resto de tu vida a muchísimas preguntas, ideas preconcebidas y estereotipos. La realidad es que la discriminación es tajante en Río, las diferencias sociales son notables nada más comenzar a caminar por cualquiera de las avenidas principales de los barrios ricos de la Zona Sur.

 

Muchas personas viven en la calle y otras muchas más hacinadas en los morros y las montañas que rodean la ciudad. Ellos mismos fabrican sus casas, colocan unas encima de otras e intentan sacar espacio de donde ya casi no queda. Pero es eso, o absolutamente nada.

 

Vivir en la favela

 

Henrique.- Vivir en una favela a día de hoy es diferente al pasado. – comienza diciéndome. Cuando era más pequeño, mi madre solía trabajar por la noche. A esas horas no tenía luz en casa porque no podíamos pagar la electricidad. Y obviamente, si no pagas, no puedes quejarte a nadie ¿no?. Era peligroso, muchos tiroteos, quizás dos, tres veces a la semana… Muchas veces a la semana. No sabes qué esperar, te vas al colegio y ni si quiera sabes si vas a llegar a clase.

 

Las favelas Cantagalo y Pavão–Pavãozinho son conocidas como las más peligrosas de la Zona Sur. Son frecuentes los tiroteos entre policías y el crimen organizado, la violencia se utiliza para erradicar más violencia, sin embargo, solo consigue multiplicarla.

 

H.- He empezado a ir a la universidad este año. Me despierto a las 5 am y vuelvo a casa al rededor de las 3 pm. Suelo quedarme en casa hasta mitad de tarde, luego trato de salir a correr a la playa. Bueno, todo esto antes del confinamiento, claro. La verdad, me gusta correr, me encanta sentirme libre. Cuando volvía solía estar un ratito en la calle, en la favela. Quedo con amigos en sitios donde nos gusta reunirnos junto a más gente de la comunidad, la gente juega al fútbol, bebe cerveza y disfruta de la buena compañía. Esa solía ser mi rutina. 

Fotografía de Diana Nijboer.

La «suerte» y el «privilegio» en una favela

 

Henrique estudia Ingeniería Mecánica en la UERJ (Universidad Estatal de Río de Janeiro). El COVID-19, como a cualquier otro chico de su edad, le obliga a quedarse en casa y no le permite seguir con sus clases presenciales.

 

H.- Yo tengo suerte, puedo decir que soy privilegiado. Tengo un ordenador, un móvil con el que entretenerme en casa. Estudio aquí, he decidido asistir a clases de matemáticas online por mi cuenta porque en mi universidad no nos han preparado aún el programa de estudio a distancia. Pienso en los niños y niñas, en los jóvenes que no tienen esta suerte. Muchos siguen saliendo a la calle y juegan en las zonas comunitarias de la favela. Me preocupa, porque sé que no es el mejor momento para salir, pero trato de comprenderles, ¿qué otra opción tienen?

«Si se quedasen en casa no tendrían otro entretenimiento mas que el de mirar a la pared el día entero.»

 

Henrique (camiseta negra, amarilla y roja) con sus compañeros en el Campamento de Verano de Edumais. Fotografía Edumais.

A la vez que converso con Henrique, Diana afirma con la cabeza. Ella conoce bien la realidad a la que se refiere Henrique. Ha dedicado los últimos años de su vida a trabajar con niños y niñas en situaciones de exclusión y ha hecho de la educación un arma positiva con la que poder luchar contra la pobreza, el abuso y la discriminación social.

 

Diana. -Todo esto se acentúa aún más si se tienen en cuenta las condiciones de hacinamiento en las que se vive en las comunidades. Este fin de semana hablaba con una de las madres de los niños y niñas a los que damos clase. Ella también es joven, solía combinar diferentes tareas para conseguir un sueldo más o menos decente cada mes: peluquería, limpieza… Ahora no puede hacer nada de eso, se queda en casa, una casa muy pequeña que comparte con sus siete hijos. Muchas viviendas aquí ni si quiera tienen ventana. No puedes contar con un mínimo espacio para tener tiempo para ti, para de verdad estar sola. Entender la urgencia de lo que está ocurriendo o la importancia del aislamiento, viviendo en estas condiciones, es casi imposible para estas personas. No podemos culparles.

Fotografía de Edumais

Diana Nijboer es la directora y fundadora de Edumaisuna ONG que desde hace 4 años se dedica a facilitar educación de calidad a los niños y niñas de entre 6 y 16 años que viven en las favelas CantagaloPavão–Pavãozinho. Uno de los principales socios de la organización es la ONG Solar Meninos de Luz, también encargada de promover actividades relacionadas con la educación, la cultura, el deporte y salud básica en ambas comunidades. Juntas trabajan con el objetivo de cambiar la rutina de los jóvenes, invitándoles a crecer, aprender y compartir con otros jóvenes en un ambiente positivo y diferente al que les rodea: un ambiente liderado por el crimen organizado, la delincuencia, las drogas y la discriminación social.

Discriminación social

 

D. Algo que muy poca gente sabe es que incluso dentro de las favelas existe discriminación social y desigualdad. Las favelas están organizadas por sectores, cuanto más abajo vives, más «rico» eres. Quienes viven en la cima del morro suelen ser las personas con menor capacidad económica, casi inexistente, y con ínfimas oportunidades de trabajo y educación. Esto es otro problema grande porque incluso dentro de las favelas el COVID-19 puede afectar más a unos que a otros, las casas más altas carecen de agua, luz e incluso cuartos de baño. Además, nosotros, los que trabajamos en organizaciones y asociaciones solemos tener un acceso más restringido a estas zonas.

 

Junto a la situación de hacinamiento, otro de los problemas principales de cualquier comunidad es la imposibilidad de acceso a agua limpia y potable. Durante los meses de enero y febrero, la ciudad de Río de Janeiro se ha enfrentado a una grave crisis relacionada con el agua. Esta crisis ha afectado a toda la población carioca, moradores de la Zona Norte, Sur y Oeste, tanto fuera como dentro de las favelas.

 

Agua, jabón y aislamiento son las principales medidas recomendadas por la OMS (Organización Mundial de la Salud) para combatir los contagios por COVID-19 y las favelas Cantagalo y Pavão–Pavãozinho (como el resto de las favelas de Río de Janeiro) no cuentan con la posibilidad de llevar a cabo ninguna de ellas.

 

P.- ¿Qué cosas han cambiado en las comunidades desde que el COVID-19 llegó a Río de Janeiro?

 

H.- Muchas personas aquí son trabajadores informales que se han dedicado toda su vida a la venta de productos en la calle o en la playa. Ahora que no hay tanto movimiento debido a las medidas de aislamiento conseguir dinero se les está haciendo muy difícil. La gente intenta encontrar nuevas formas de conseguir dinero, si das un paseo por la comunidad verás a muchos comprando y vendiendo oro, por ejemplo. 

 

A pesar de que el Gobierno brasileño se prestase a asegurar un sueldo mensual de 600 Reales brasileños a los trabajadores informales del país para hacer frente a la crisis actual, esta cifra sigue siendo ínfima para las familias que viven en las comunidades. Para tener una idea estimada de la cifra, 600 Reales equivalen a unos 105 euros al mes.

 

D.- Ya sea como trabajadores formales o informales, la gente no tiene dinero. ¿Cómo van a pagar la comida? ¿Cómo van a alimentar a sus hijos? Algunas personas con las que he hablado no tienen ni idea de lo que puede pasar mañana.

 

H.- Mi madre y su marido dejaron de trabajar. Ellos son trabajadores formales, pero aún así, han reducido sus sueldos de manera bastante significativa. La posibilidad de trabajar en casa no existe para todo el mundo, es de ricos. No todos tienen ordenador o saben cómo funciona. Yo sé que a día de hoy podemos sobrevivir, pero en dos semanas si no consigo alguna ayuda del Gobierno no sé que puede ser de mi y de mi familia. Espero tener acceso a cestas de comida que vienen del Gobierno, de asociaciones de moradores y del Solar.

Incluso al terminar de responder a mi pregunta Henrique volvió a sonreir. Se había pasado casi toda la charla con una sonrisa en la cara. Pero, aunque sea joven, aunque ponga su mejor cara y trate de ser positivo al respecto, tiene claro que la situación es crítica, está preocupado: 

 

«Ahora mismo lo que más necesitamos son esas ayudas, porque lo único importante es encontrar una forma de sobrevivir a esto».