¿Cómo definirías la libertad? ¿Cómo se hace efectiva? Isaiah Berlin, uno de los pensadores más importantes del siglo XX, entendía que existían dos conceptos de libertad, la negativa y la positiva, y la historia de la lucha contra el racismo en Estados Unidos es un ejemplo perfecto para explicarlas.

Dos conceptos de libertad

La libertad en sentido negativo es aquella caracterizada por la ausencia de interacción o coacción externa para coartar tu libertad. Se le llama negativa porque implica que no haya barreras externas que te impidan ser libres. Eres menos libre en sentido negativo si, por ejemplo, una ley te impide votar por tu origen étnico.

La libertad en sentido positivo, en cambio, se expresa en términos de capacidad o autonomía, pues conlleva tener al alcance los recursos necesarios para poder autorrealizarte, ser autónomo.

Las revoluciones liberales, como la Revolución Francesa de 1789, lucharon por la libertad en sentido negativo. Sieyès, pensador francés de la época revolucionaria, decía que una nación es aquella población que se encuentra bajo el amparo de la misma ley, y que por tanto en Francia existían dos naciones diferentes. Acabar con la discriminación que diferenciaba a estas dos naciones – nobles y siervos – en la Francia del siglo XVIII fue acabar en parte con esas barreras externas que impedían la libertad y la igualdad en la sociedad francesa. Las revoluciones liberales habían acabado con el Antiguo Régimen, y se dio paso a una nueva etapa más liberal.

La contradicción del sistema liberal

Pronto, la utopía liberal comenzó a hacer aguas. Los que habían sido siervos ahora tenían los mismos derechos por ley que los que habían formado parte de la nobleza, y, sin embargo, estos no habían pasado a ser libres. La desigualdad jurídica se convirtió en socioeconómica, y los que una vez fueron siervos ahora eran proletariado. El siglo XIX ahora era esto:

Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a la escuela los domingos y aprendo a leer.

Declaraciones de la niña Sarah Gooder, de ocho años. Testimonio recogido por la Comisión Ashley para el estudio de la situación en las minas, 1842.

Las revoluciones obreras trajeron entonces soluciones para los problemas del nuevo sistema, y, comenzando en la Alemania de Bismarck, y luego en Reino Unido con el Informe Beveridge, Europa fue fundando poco a poco su preciado Estado de Bienestar. Este significó un paso enorme para proporcionar libertad en sentido positivo. La extensión de la educación pública, la sanidad universal, los seguros de desempleo, los sistemas de pensiones… Todos han puesto un granito de arena para que los ciudadanos de estos países tuvieran mayores recursos para ser verdaderamente autónomos y capaces de autorrealizarse, y por tanto, ser libres en sentido positivo.

¿Qué relación tienen estas dos concepciones de libertad con la lucha contra el racismo en EE. UU?

En 1861 comienza la Guerra de Secesión, en la que los estados del norte, antiesclavistas, y liderados por el presidente republicano Abraham Lincoln, derrotaron a los estados del sur y abolieron la esclavitud con la XIII enmienda. Esta fue seguida de la XIV, que reconocía a los que habían sido esclavos como ciudadanos; y de la XV, que blindaba el derecho a voto independientemente de la raza o condición anterior de esclavitud.

Sin embargo, este no fue el final de las barreras jurídicas para la comunidad negra estadounidense. El poder judicial – cuya interpretación de las leyes puede ser tan importante o más que la propia ley en el sistema estadounidense – disminuyó en gran medida los avances que realizaba el Congreso, manteniendo, por ejemplo, que estas leyes implicaban la ilegalidad de las acciones discriminatorias del gobierno, pero no de los estados, que tuvieron un ancho margen para seguir actuando como deseaban. Así, muchos estados fueron creando las leyes Jim Crow, que separaban a los blancos de los negros en diferentes colegios, hospitales, trenes, cementerios…

El 7 de junio de 1892, Homer Adolph Plessy se negó a levantarse del asiento asignado para blancos, y fue arrestado. Este acontecimiento llevó a uno de los momentos más importantes para la historia de la segregación racial en Estados Unidos. Según Plessy, esta separación era una violación de la XIV enmienda, y por tanto era inconstitucional. No obstante, el poder judicial estadounidense no estaba de acuerdo, y la sentencia tuvo como efecto el inicio de una nueva doctrina jurídica: separate but equal (separados pero iguales). Esta legitimaba cualquier tipo de segregación racial, pues se escudaba en que no era racista en tanto que no perjudicaba a nadie, sino que simplemente permitía separar a blancos y negros como iguales. La realidad, como muestra la imagen, era otra.

Separate but equal

Siglo XX: el final del principio.

No fue hasta la llegada del presidente demócrata Harry S. Truman que la situación empezó a cambiar. Negros y blancos habían luchado separados en las guerras mundiales, y en una sociedad que profesa tanto respeto por las fuerzas armadas, esta separación tenía cada vez menos respaldo social. Truman creó la Comisión Presidencial para los Derechos Humanos, cuyo reporte fue la hoja de ruta de los siguientes años para acabar con la segregación, y tomó las primeras acciones eliminando la segregación en el ejército.

El momento estelar de esta época volvió a producirse de la mano del poder judicial. En este caso, fue una niña de 11 años, Linda Brown, la protagonista. En 1951, su padre había intentado apuntarla a un colegio para blancos sin éxito, lo que impulsó de nuevo el debate sobre la doctrina separados pero iguales. El caso llegó a la Corte Suprema, que interpretó, como había demandado Plessy años atrás, que la segregación era contraria a la Constitución. De repente, la doctrina jurídica que había separado a blancos y negros tuvo sus días contados.

A pesar de todo lo anterior, probablemente el acontecimiento más famoso en la lucha contra la segregación racial en EE. UU. sucedió en 1955, cuando Rosa Parks, tal y como había hecho 63 años antes Homer Adolph Plessy, se negó a levantarse de su asiento en el autobús para cederlo a un blanco, y fue arrestada.

Martin Luther King y el movimiento por los derechos civiles

Esto provocó que un carismático pastor de la iglesia bautista llamado Martin Luther King Jr. liderara un boicot dirigido al sistema de autobuses de Alabama. El boicot tuvo éxito, y un año después la corte federal puso fin a este tipo de segregación.

Martin Luther King Jr., que ensalzó la desobediencia civil como método pacífico de insubordinación a las leyes injustas, se convirtió en uno de los activistas y pacifistas más importantes de la historia de la humanidad, y su discurso “I have a dream” ha pasado a la historia.

“Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.”

El activismo de Martin Luther King Jr. fue crucial para provocar un cambio en la sociedad estadounidense, desembocando en el Acta de Derechos Civiles de 1964, que terminó con las anteriormente mencionadas leyes Jim Crow. El acta había sido impulsada por Kennedy, y, tras su muerte, fue llevada a cabo por Lyndon B. Johnson, que desde el primer momento puso los derechos civiles como su prioridad. Además, el presidente demócrata consiguió en tan sólo 5 años doblar el voto negro en aquellos lugares donde este era menor.

Sin embargo, como cita la famosa frase que se le atribuye a Churchill “Esto no es el fin, ni siquiera es el comienzo del final. Pero, posiblemente, sea el fin del comienzo”. El Acta de Derechos Civiles fue el final del comienzo para una lucha que ha perdurado durante siglos. Como se ha sugerido anteriormente, la eliminación de barreras externas, la igualdad de iure, no es sinónimo de autonomía, ni por tanto de libertad efectiva.

Martin Luther King reflejó muy bien esta dicotomía entre la libertad sobre el papel y la libertad efectiva:

“No estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar”

Hoy

Los retos actuales han sobrepasado la igualdad jurídica y se han trasvasado al plano socioeconómico. La BBC ilustra en apenas unos datos la realidad actual de ser negro en EE. UU.:

  • Los negros tienen el doble de posibilidades de ser pobres o estar desempleados.

 

  • Poseen 10 veces menos patrimonio neto de media.

 

  • Empleados negros con licenciatura ganan significativamente menos que sus pares blancos.

 

  • El 24% de los muertos a manos de la policía son negros, suponiendo la población negra solamente un 13% del total.

 

  • La tasa de encarcelación a negros es 6 veces mayor que en la población blanca. De hecho, el 33% de los encarcelados son negros.

 

  • La tasa de mortalidad infantil, que suele usarse como un indicador de desarrollo – puesto que aporta información sobre la salud y las condiciones del entorno que rodea al bebé -, es el doble para la población negra.

La lucha sigue

Lamentablemente, el racismo en Estados Unidos no acabó en 1963 con el discurso de Martin Luther King en las escalinatas del monumento a Lincoln. Como una constante a lo largo de la historia, la igualdad jurídica supone la victoria de una gran batalla, pero no de la guerra. La segregación se transforma, y pasa a ser socioeconómica. En la medida en la que no haya igualdad de oportunidades para blancos y negros, en la medida en que la discriminación siga oprimiendo por el color de piel, la lucha sigue.

Ignacio Garijo