En 2007, la Comisión Europea marcó la hoja de ruta hacia la descarbonización de los países miembros para 2050. Para ello, estableció tres fases que debían cumplir una serie de objetivos progresivamente. En primer lugar, el paquete de medidas sobre clima y energía hasta 2020. En segundo lugar, el marco sobre clima y energía para 2030. Por último, una economía baja en carbono para 2050.

Han pasado trece años desde entonces y 2020 ya está aquí. Por tanto, sería interesante observar si vamos por buen camino. Es decir, saber si la UE ha sido eficaz con su primera estrategia para mitigar los efectos del cambio climático. Eso es lo que vamos a hacer en este artículo. Pero antes, será necesario saber de qué trata el proyecto Europa 2020.

Europa 2020

El primer reto que fijaron las economías europeas para seguir la senda de descarbonización se fundamenta en tres pilares:

  • Disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% (con respecto a 1990).
  • Lograr que las fuentes de energía renovable representen un 20 % del consumo energético final bruto.
  • Mejorar la eficiencia energética en un 20 % (con respecto a 2007)

Estas cifras deben cumplirse para este mismo año. La Dirección General de Acción por el Clima (DGAC), la autoridad de la Comisión Europea que se encarga de las políticas centradas en cambio climático, posee unas herramientas que facilitan el cumplimiento de estos tres fines desde el inicio del plan. Por ejemplo, el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE) es clave para la reducción de gases de efecto invernadero, cubriendo el 45 % de las mismas. Después, la tecnología o las propias medidas de los países miembros favorecen los logros en los objetivos restantes.

A lo largo de esta última década, la Comisión ha ido recopilando los datos y elaborando informes acerca de los objetivos marcados. El último de ellos se redactó el año pasado (ver aquí). Así que, en él podemos ver si es realmente viable que la UE logre superar la primera etapa. ¿Cuáles son los resultados?

La reducción de emisiones va bien encaminada

Según los últimos datos de los que se disponen, el objetivo de reducir un 20 % los niveles de gases de efecto invernadero con respecto a 1990 está prácticamente cumplido. En el siguiente gráfico se representa la evolución de este indicador.

En 2017, las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea fueron un 21,7 % inferiores a los niveles de 1990. Entre 2017 y 2018 estas emisiones cayeron un 2 %. De esta manera, se estima que la UE no tenga problemas para alcanzar esta meta.

Buenos resultados en el uso de energías renovables

Al igual que con la reducción de emisiones, desde que se implementaron estos objetivos, el consumo de energía procedente de fuentes de energía renovable ha aumentado año tras año desde 2005.

Los últimos datos han superado el valor de las previsiones. Para 2017, la tendencia estaba en torno al 16 %. Finalmente, el porcentaje fue del 17,5 %. Para 2018 se estima que siga aumentando y llegue a situarse en el 18 %. Sería realmente una sorpresa que para 2020 no se llegase al 20%.

Problemas con la eficiencia energética

El último objetivo del plan climático y energético de la UE para 2020 es medido a través de la reducción de consumo energético final y primario. Consiste en disminuir el consumo energético final de la UE hasta no más de 1.086 millones de toneladas de petróleo equivalente (Mtoe) y minimizar el consumo de energía primaria hasta no más de 1.483 Mtoe. Esto es, reducir el consumo energético final o primario en un 20 % para 2020 o recortar el consumo de energía primaria en un 13.8 % y el consumo de energía final en un 9 % desde los niveles de 2005. Según la Comisión Europea, esto es equivalente a apagar 400 centrales eléctricas.

A pesar de la buena iniciativa y de obtener buenos resultados en 2018, el aumento del consumo energético primario y final observado en los últimos años hace que esta meta pueda no cumplirse. En el gráfico de a continuación se ve la trayectoria de ambos consumos energéticos desde 2005 hasta 2017. A partir de este año, continúan las tendencias que se estiman hasta 2050.

En general, ambos indicadores muestran un incremento continuado desde 2014 hasta 2017. Es justo lo contrario a lo que se pretende para cumplir el plan de eficiencia energética. De acuerdo con el informe de la EEA (por sus siglas en inglés), el consumo de energía primaria se situó en 2017 un 2 % por encima de la trayectoria que debería seguirse para poder cumplir el objetivo en 2020. Asimismo, el consumo de energía final se colocaba un 1,4 % arriba de la senda adecuada. Para 2018, se estima obtener datos similares. Se espera que ambos indicadores continúen excediendo en un 2,2 % las trayectorias indicadas para el objetivo 2020.

Esta situación es en gran parte debida a que hay algunos países de la eurozona que no han hecho los esfuerzos suficientes. En particular, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, Francia, Alemania, Países Bajos, Polonia y España no han ajustado suficientemente sus niveles de consumo energético primario. Otros, como Estonia, Hungría, Lituania, Malta, Eslovaquia y Suecia (además de algunos de la lista anterior) tampoco han puesto los recursos y esfuerzos necesarios para aminorar el consumo energético final.

En consecuencia, hay riesgo de que el objetivo de eficiencia energética no sea viable cumplirlo de cara a la primera etapa hacia la descarbonización de la eurozona. Aparentemente, es el único de los tres mencionados. ¿Qué hay de la segunda etapa? Está aún por ver. Pero va a requerir muchos más esfuerzos que los que se han hecho hasta ahora. De ahí a que esta sea una década decisiva.

2030: año clave para la futura neutralidad climática de Europa

Si el plan para 2020 está costando un considerable esfuerzo para lograr su eficacia, el marco para 2030 exige un compromiso nunca visto.

Los esfuerzos actuales de los países miembros son insuficientes para lograr los objetivos para 2030. No solo cada uno de los tres objetivos son más ambiciosas, sino que requieren un nivel de organización, compromiso y distribución de recursos mucho mayores.

Para 2030, se espera reducir en un 40% las emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a 1990. Para lograrlo, la disminución anual que se requiere de estos gases tendrá que ser, en media, de 81 Mt de CO2 equivalente desde 2017 hasta 2030. Además, tendrá que ser sostenida año tras año y en todos los sectores. Desde 2005 hasta 2017, la reducción media ha sido de 73 Mt de CO2 equivalente por año.

En cuanto a la proporción de energías renovables en 2030, la UE pretende que las fuentes de energía renovable conformen, al menos, el 32 % del consumo final bruto energético. Solo será posible alcanzar esta meta, si el crecimiento medio anual del uso de energías renovables es de, al menos, 1,1 puntos porcentuales por año a lo largo de esta década. Desde 2005, esta tasa de crecimiento ha sido de 0,7 puntos porcentuales cada año.

Por último, los países miembros acordaron mejorar la eficiencia energética, como mínimo, un 32,5 % para 2030, y con respecto al escenario base energético de la Comisión Europea (Energy Baseline Scenario), que es 2007. Para poder cumplir este objetivo, el consumo de energía de la UE en estos diez próximos años tendrá que ser reducido a más del doble de la tasa media de disminución observada entre 2005 y 2017.

Una década decisiva

El liderazgo de la Unión Europea en materia de cambio climático es incuestionable. Ningún otro grupo de naciones o primeras potencias está llevando a cabo tal paquete de medidas para mitigar los efectos de la crisis climática. Y lo mejor es que no ha sido un desastre. Como hemos visto, la primera fase ha funcionado en gran medida. Aunque es cierto que hay un objetivo que puede no cumplirse, la eurozona y los países que lo conforman se han coordinado de una forma notable para lograr reducir los gases de efecto invernadero en un 20 % con respecto a 1990 y en aumentar el uso de fuentes de energía renovables en otro 20 %. Los Estados europeos están dando ejemplo al mundo de lo que debe hacerse para afrontar este problema, y su proactividad está influenciando a miles de ciudadanos de todo el mundo.

Sin embargo, la UE necesita ahora ser aún más ambiciosa. Ir más allá. Gracias a la última información que tenemos sobre la evaluación de esta macro política medioambiental europea, sabemos que no es suficiente, pero sí viable alcanzar las metas para 2030. Este marco que nos hemos autoimpuesto nos exige, hoy, adoptar nuevas políticas e implementar alternativas creativas que faciliten la consecución de los objetivos marcados. Solo así, la senda hacia una primera climate-neutral economy es viable.

Superar esta primera fase con cierta eficacia no solo nos sirve para darnos cuenta de que es posible afrontar el cambio climático desde las políticas públicas, sino que también para revisar aquellos errores, trabas o impedimentos que complican la consecución total de los objetivos marcados. Todas las acciones son tenidas en cuenta. La UE debe seguir en la misma línea, intensificando la participación de los países miembros y sus políticas. De esta forma, puede que incluso el resto de países tomen nota y una economía baja en carbono sea posible a nivel internacional para antes de final de siglo.

Francisco Javier de Tena