Tengo un defecto, lo reconozco, soy de letras. Con el tiempo lo comprobaréis. El sueño de ser Roberto Bolaño por un día siempre ha estado ahí. También el de ser amigo de Gatsby. O el de seguir el camino de Manuel, el protagonista de Los Asquerosos de Santiago Lorenzo. A día de hoy, sin embargo, aún no he cumplido ninguno de los tres. De momento son solo eso, sueños. Así que me conformo sólo con imaginarlos, como una de tantas historias que se quedan olvidadas en un solitario primer borrador. Es lo poco que me queda.

Como los sueños, los borradores guardan un aroma algo caótico, esparcidos por todos los rincones que encuentran. Con el tiempo se han ido amontonando cada vez más sobre el escritorio de casa. El objetivo es sencillo, encontrarles aquí en La Nao un mejor cobijo, un lugar donde estar a salvo del polvo y tenerlos mejor ordenados. A buen recaudo.

Y parodiando toda presentación de inicio de curso, no debe faltar tampoco el turno respectivo de preguntas. La primera es clara, ¿qué tiene de especial un simple borrador? ¿Por qué iniciar así el viaje? La respuesta es sencilla: un poco de misterio. Todo borrador está condenado al olvido. La mayoría, de hecho, nunca ve la luz. Es más, se dejan olvidados en un rincón donde nunca más se les vuelve a hacer caso. De alguna manera, guardan cierto secretismo. Poco se sabe de ellos. Y a la vez, todo se origina en ellos. Los detectives salvajes nació de un borrador, tal vez de miles. También La transformación de Kafka. O Solitud de Caterina Albert. No hay excepción. Y de ahí surge la motivación principal. De encontrar aquellas historias que inocentemente se convirtieron en ese primer borrador, en ese primer punto de partida.

¿Y quiénes las protagonizarán? La Barcelona de Casavella o la de Montalbán. El rey de la era del jazz. Puede que Dorothy Parker. También Raymond Carver. O Jane Austen. Quién sabe si Thomas Mann. O Juan Villoro. ¿Y Ezra Pound? No todo puede desvelarse en un primer borrador. Lo único en claro, la importancia de las letras en todo esto.

Ya avisé al inicio, tengo un defecto.

Àlex Honrubia