El nacionalpopulismo está aquí y todo apunta que para quedarse. Si fue a partir de 2012 que empezamos a encontrar una creciente tendencia en los países europeos (y algunos casos fuera del continente) de tener partidos populistas con representación institucional, esto, actualmente, es ya una realidad bien consolidada. En este artículo, más que entrar de fondo en qué o cómo podemos entender el populismo (Leer más sobre: Populismo… ¿ideología o retórica?), abordaremos un poco la actualidad de nuestros vecinos europeos ante esta problemática.

Nacionalpopulismo en Europa

Hay que recalcar que aquí se habla de nacionalpopulismos, utilizando el mismo término que exponen Eatwell y Goodwin en su libro “Nationalpopulism” en 2018. Se entiende el nacionalpopulismo, definido por dichos autores, como: “una revuelta creciente contra la política convencional y los valores liberales…apoyados por el espacio de numerosos ciudadanos que sienten que ya no tienen voz en la política; que el aumento de la inmigración y el rápido cambio étnico amenazan a su grupo nacional, su cultura y sus modos de vida; que el sistema económico neoliberal los abandona en comparación con otras personas en la sociedad, y que ya no se sienten identificados con los dirigentes políticos”.

Dicho esto, en este artículo traemos casos variados tales como Portugal, donde se presumía que no había cabida para el nacionalpopulismo (cómo se decía de España pre-Vox); Francia, donde el Frente Nacional ha tenido que reinventarse para atraer a un mayor grupo de votantes tras la derrota en las últimas presidenciales, y finalmente Reino Unido, donde el nacionalpopulismo parece haberse metamorfoseado en la derecha convencional.

 

Chega!, Portugal

En los últimos años, si Portugal podía presumir de algo es de su política. Los lusos están siendo una referencia para muchos países que buscan en la izquierda una alternativa. Portugal, tras la “caída” de España en los brazos de la extrema derecha y el nacionalpopulismo de Vox, era de los pocos bastiones europeos donde dicha tendencia no triunfaba. Sin embargo, en las últimas elecciones parlamentarias de 2019, consiguió representación en el congreso el partido político Chega!, de corriente nacionalista, conservadurismo y con discursos contrarios a la inmigración.

El partido, a pesar de su modesto resultado (solamente un escaño de los 230 posibles), celebraba con éxito tener representación institucional en unos de los bastiones actuales de la izquierda en Europa. Se entendía que el partido guardaba un gran potencial al haber conseguido el escaño en el mismo año de su fundación. Sin embargo, el pasado 5 de abril, el líder del partido nacionalpopulista, André Ventura, dimitía por las continuas tensiones dentro de Chega!, convocando así elecciones internas al partido. Las constantes diferencias en torno al rumbo de las políticas de Chega! y sobre el “sesgo ideológico” que deben adoptar, están siendo uno continuo impedimento para un mejor desarrollo del partido. Aún así, el partido avanza en las encuestas de opinión.

En datos concretos, actualmente el partido consiguió un 1,29% de los votos en las pasadas elecciones parlamentarias, y 0 escaños en las últimas elecciones europeas. En cuanto a los últimos sondeos sobre las próximas elecciones legislativas, se estima un 7,8% de intención de voto hacia Chega!, lo que confirmaría una tendencia de consolidación del partido. El futuro del grupo nacionalpopulista es toda una incógnita.

 

Rassemblement National, Francia

El caso de Marine Le Pen en Francia es un claro ejemplo a seguir a la hora de hablar de los populismos nacionalistas en Europa. La líder del Frente Nacional (Front National) consiguió acaparar todos las portadas del mundo en 2017 cuando en las presidenciales de Francia no sólo logró pasar a la segunda vuelta, si no que finalmente consiguió aunar diez millones de votos, un 33,9% del total. El resultado, positivo a pesar de la derrota, supo agridulce a la líder del Frente Nacional, que veía como era posible aunar más voto moderando el mensaje del partido. Recordemos que esta primera moderación ya la realizó Marine Le Pen expulsando del partido a su padre (y fundador) Jean-Marie Le Pen en 2015, el cual representaba el ala más extrema del FN.

Su moderación ha sido bastante clara. No solo se cambió el nombre del partido a Agrupación Nacional (Rassemblent National), si no que el mensaje, a pesar de ser todavía claramente nacionalista y anti-inmigración, es cierto que en algunos aspectos trata de parecerse al centro-derecha, intentando aunar ese voto “imposible” para cualquier partido que se sitúa al extremo. Esta necesidad de Marine Le Pen de acercarse a más electorado le ha costado grandes divisiones internas en el partido. Al mismo tiempo, dicha capacidad e intención de aunar el voto de un mayor espectro político, hace que la líder francesa sea de los mejores ejemplos para hablar de populismo en Europa.

En cuanto a los datos, en las últimas elecciones europeas el partido de Le Pen logró la victoria con un 23,34% del total de votos, por encima del 22,24% del partido de Macron. Ambos estuvieron empatados en número de escaños con 23 de los 74 posibles. Directos a la intención de voto de las próximas presidenciales de 2022, el partido de Le Pen parte con una ligera ventaja del 28% del total, frente al 27,5% del partido de Macron. Del mismo modo, en dicha teórica segunda vuelta, Macron ganaría con un 55% frente al 45% de Le Pen, un resultado bastante ajustado. Todos los datos están recogidos por Electomanía.

 

Reino Unido y el nacionalpopulismo en la política tradicional

El caso de Reino Unido es bastante característico. A pesar de tener un claro partido nacionalpopulista en el país como es UKIP, en el cual la extrema derecha y los discursos anti-inmigración y nacionalistas abundan, el protagonismo del partido se ha visto totalmente eclipsado por el personalismo de Nigel Farage (ex-líder del partido, el cual decidió abandonarlo ante los extremismos que el grupo político representaba, creando posteriormente el Brexit Party), y curiosamente por el Partido Conservador, que ha sabido aunar todas las demandas del votante de UKIP y Brexit Party sin caer en tanto radicalismo. Este acaparamiento del Partido Conservador no se entendería sin la figura de Boris Johnson, el Trump británico.

El discurso nacionalpopulista, camuflado de mensaje pro-Brexit, en el Partido Conservador de Boris Johnson  ha conseguido derribar barreras ideológicas en Reino Unido, llegando a conquistar bastiones de la izquierda laborista británica en las últimas elecciones generales del país. El mensaje, plagado de odas nacionalistas a la grandeza del país, al mismo tiempo que cierta cantidad de ideas anti-inmigración, fortalece la figura de un personaje referente en cuanto a nacionalpopulismos se refiere. La excepcionalidad de este caso, es la inclusión del nacionalpopulismo en la política tradicional. Esto parece no necesitar de la actividad de partidos nuevos contrarios a la política convencional y al establishment, como ocurre en otros países.

En datos, a diferencia de otros países, y a pesar de la desastrosa gestión con la actual pandemia, el apoyo al ejecutivo de Johnson no se ha visto afectado. Incluso éste está subiendo ligeramente con un 53% de intención de voto frente al 32% del Partido Laborista. Siguiendo la tendencia actual, todo a punta a que queda Boris Johnson para rato.

Guillermo Rylance González